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Secuelas de un baluarte
LA HABANA, Cuba, febrero 2008 - Hanoi David Alfonso Cué no ha podido sentir el
calor de su madre, Maite Cué González, quien permanece hospitalizada desde que
dio a luz, el día 4 de enero, por el método quirúrgico conocido como cesárea. La
operación se realizó en el Hospital Nacional, ubicado a quince kilómetros de su
lugar de residencia, en el municipio capitalino Arroyo Naranjo.
Maite es una mujer recién parida de 33 años. Se complicó debido a un cuadro
infeccioso. Su vientre no fue limpiado debidamente por el equipo médico a cargo
del doctor Lozano.
Dunia Pavón llegó el 16 de octubre de 2007 al Hospital Materno Infantil Hijas de
Galicia, en el municipio capitalino Diez de Octubre, con un fuerte dolor en su
vientre.
Al no recibir los primeros auxilios, tomó el ascensor por sus propios medios. En
la trayectoria hacia la sala de pre parto, nació la criatura. Dunia desconocía
que horas antes de su llegada al hospital la criatura había fallecido por falta
de oxígeno.
Se trata de dos casos que me tocaron de cerca en la extensa lista de mujeres
víctimas del deficiente servicio que presta el sistema de salud cubano. Nadie
puede imaginar lo que se esconde detrás de los índices de mortalidad infantil,
baluarte de la Medicina cubana.
Primera negligencia: la irresponsabilidad del caso comienza cuando el 6 de enero
Maite Cué fue dada de alta en estado febril.
El asunto tocó fondo el 10 de enero. Maite Cué presentó un cuadro hemorrágico,
con coágulos de sangre que brotaban de su incisión abdominal. Es remitida con
urgencia al salón de pre parto del hospital Nacional. El alarmante resultado de
un hemograma realizado a la paciente condujo a una transfusión de sangre
inmediata.
El día anterior (9 de enero), en el banco central del Hospital sólo existían 16
bolsas de sangre de 500 mililitros cada una, según una técnica de laboratorio
que prefirió no revelar su nombre a este reportero. El director del centro
convocó a una reunión urgente con el subdirector y algunos miembros de la
provincia para dar solución al problema.
Segunda negligencia: el equipo médico que la recibió optó por controlar la
hemorragia en lugar de otra intervención quirúrgica como corresponde en estos
casos.
Familiares de la paciente y parte del personal que atendía el caso mostraron su
inconformidad.
Diez días después, el 20 de enero, Maite Cué es intervenida quirúrgicamente por
segunda ocasión, debido a varios accesos en la cavidad abdominal que le
provocaron una sepsis generalizada profunda. Inmediatamente se le practicó una
histerectomía total (extirpación de útero, trompas y ovarios), también a cargo
del doctor Lozano y dos cirujanos de la provincia que se interesaron por el
caso.
La joven fue trasladada a la sala de terapia intensiva del propio Hospital.
Estuvo reportada en estado crítico desde el 20 hasta el 29 de enero.
Hasta la fecha, Maite Cué sigue presentando un cuadro febril agudo. Se especula
sobre una posible septicemia. Lo cierto es que la infección no cede ante los
antibióticos de amplio espectro. Los médicos no dan un veredicto sobre el caso,
tratando de evadir las preguntas de los familiares.
Nadie sabe cuál será el destino de Maite Cué, ni quiénes son los responsables
del caso. La medicina cubana dejó de ser un baluarte para convertirse en un
renglón exportable con más de 37 000 colaboradores en el exterior.
Hanoi David Alfonso Cué cumplió un mes de nacido el 4 de enero. El pequeño
permanece al cuidado de este reportero, quien junto a su esposa, Jacqueline
Cutiño Leite, conservan la esperanza de un reencuentro con su madre.
*Periodista independiente cubano.
Por: Odelín Alfonso Torna.