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La reflexología es una técnica suave que aporta contacto, relajación, afecto,
atención, además de equilibrar el organismo para mantenerlo sano, potenciando
defensas, eliminando toxinas, reduciendo el estrés, etc.
Cuando me convertí en madre se despertó en mí la necesidad de darle a mi hija
una educación basada en el amor, el respeto, el acompañamiento y la aceptación.
Desde el primer segundo que la tuve en brazos algo en mi cambió para siempre y
ella me ha enseñado que no es tan fácil el trabajo de ser padres.
La primera vez que siendo bebé mi hija estuvo a 40º de fiebre, salimos corriendo
a urgencias y una vez allí, me pregunté si no había sido peor el remedio que la
enfermedad. Ya que nos encontramos en una sala llena de niños enfermos, tosiendo
por todas partes y quien sabe cuantos virus más por allí volando.
Yo no he sido una mujer a la que le guste ir mucho al médico pero con un bebé
las cosas cambian y los miedos afloran. Por ello cuando apareció en mi vida la
reflexología infantil a través del libro-curso audiovisual de Ángeles Hinojosa,
no quise perder la oportunidad de ponerlo en práctica con mi hija y empezar a
participar en su salud a través de mis manos.
Con la reflexología aprendí muchas cosas sobre el funcionamiento de nuestro
organismo, a confiar en él, a ser paciente, y con su ayuda, aceptar y superar
los procesos que mi hija ha ido viviendo en este tiempo. También pude ver
resultados que me aportaron la confianza necesaria para decidir hacerme
formadora en reflexología infantil y enseñar a otras madres con niños y bebés a
practicar la técnica.
La reflexología no cura enfermedades, pero ayuda al organismo a defenderse de
una forma natural, agradable y segura.
Los bebés vienen a este mundo desde un paraíso donde lo han tenido todo a su
alcance: comida, contacto, movimiento, temperatura, sonidos… y con la
reflexología les aportamos una de las necesidades más básicas: el contacto
físico.
La reflexología infantil se puede practicar desde el primer día que nacen, y con
el masaje en los pies aportamos una parte de este contacto íntimo y atención
exclusiva que tanto necesitan los bebés y los niños. A través del masaje se
sienten atendidos y queridos, les ayudamos a eliminar las tensiones diarias y a
relajarse, además de ayudarles a superar los procesos patológicos que atraviesan
durante la infancia.
La reflexología equilibra la energía del organismo, reduce el estrés (una de las
causas principales de la bajada de defensas del cuerpo), elimina toxinas, mejora
la circulación de la sangre, y además de forma privilegiada el masaje alimenta
el vínculo entre quien lo da y quien lo recibe estableciendo un intercambio
gratificante.
Los amigos de los niños
Son los mocos, la fiebre, la diarrea, los vómitos, a pesar de que son procesos
un poco molestos, tienen la función de ayudar a nuestro organismo a librarse de
lo que le está haciendo daño: virus, microbios, toxinas o alergias.
Con la reflexología estimulamos estos procesos colaborando en la eliminación y
en la recuperación de la salud. En definitiva, esta técnica permite reequilibrar
la energía del organismo, poniendo en marcha el poder curativo que todos
llevamos dentro.
A los padres que no conocen este tipo de terapias quizás les cueste creer que
tocando los pies a sus hijos estos se puedan recuperar de ciertas patologías. La
reflexología no es milagrosa, ni cura las enfermedades, pero ayuda eficazmente
al organismo a defenderse de una forma natural, agradable, fácil y segura, con
resultados demostrables. Claro que hay que poner de nuestra parte la constancia,
paciencia y confianza, pero también podemos disfrutar, haciendo del masaje una
actividad placentera de relación e intercambio afectuoso. ¿Entonces por qué no
probarlo?
La reflexología forma parte de los caminos poco invasivos para resolver
molestias, al lado de la homeopatía, las Flores de Bach u otras disciplinas. Si
no son suficientes para reforzar el organismo y superar sus procesos, siempre
estamos a tiempo de recurrir a otros métodos más convencionales. Pero, ¿porque
no probamos con reuniones de paz antes de utilizar las bombas?
Un cambio en el concepto de salud
Cuando practicamos la reflexología a nuestros pequeños les estamos transmitiendo
un mensaje: Que dentro de su interior tienen todos los recursos necesarios para
mantenerse sanos.
Y a medida que van creciendo, son ellos mismos los que nos pedirán el masaje
cuando se encuentren enfermos o simplemente cuando deseen compartir unos
momentos de atención exclusiva.
Los niños son grandes observadores e imitadores, y con el tiempo serán ellos
quien nos ofrecerán el masaje a nosotros cuando vean que lo necesitamos, y ese
es el mayor regalo que puede hacerte un hijo.
Yo ahora estoy empezando a disfrutar de ese aprendizaje, de cómo con dos añitos
mi hija ya empieza a conocer los puntos reflejos de sus pies y de cómo intenta
imitarme cuando me agarra los pies para hacer me un masaje.
Esther Vega, formadora en reflexología infantil.
www.reflexologiayninos.blogspot.com